Llega el primer frío de verdad, sacas el edredón y piensas que no tendrás que preocuparte por los bichos en una temporada. Pues siento darte esta mala noticia, las plagas en invierno no se jubilan, se mudan. Y adivina cuál es su destino favorito. Exacto, tu casa.
¿Realmente desaparecen de las casas?
Los insectos y las arañas no pueden generar su propio calor, así que dependen de la temperatura de fuera para moverse. Cuando hace frío, buscan la forma de aguantar hasta que vuelva el buen tiempo.
Algunos se quedan quietos en una especie de letargo, como si hibernaran, y hasta producen una sustancia que funciona como anticongelante para no helarse. Según la especie, pasan el invierno como huevos, larvas o ya adultos. Otros, como muchas hormigas, se esconden bajo tierra y esperan a que suba la temperatura. Y luego está la opción más lista, y la que más nos afecta, las que se mudan a un sitio más caliente.
Los escondites favoritos dentro de casa
Las plagas buscan lo mismo que tú cuando llega el frío, calor y comida. Los insectos y las arañas no generan su propio calor, así que dependen de la temperatura de fuera para moverse.
Cuando llega el frío, buscan la forma de aguantar hasta que vuelva el buen tiempo. Algunos se quedan quietos en una especie de letargo, como si hibernaran, ya sea como huevos, larvas o adultos. Otros, como muchas hormigas, se esconden bajo tierra. Y luego están los más listos, y los que más nos afectan: los que se mudan a un sitio más calentito.
Cada especie y su refugio preferido
Cucarachas. Aguantan mal el frío intenso, así que se refugian en zonas cálidas y húmedas. Se reproducen más despacio, pero siguen ahí, y suelen salir de noche. Por eso, ver una en pleno invierno rara vez es un caso aislado, aunque normalmente hay un nido cerca.
Ratas y ratones. Son mamíferos y necesitan calor para sobrevivir, así que en cuanto bajan las temperaturas buscan refugio en viviendas y locales. Se cuelan por huecos diminutos y anidan en falsos techos, trasteros y detrás de muebles, donde nadie los molesta.
Chinches de cama. A ellas les da igual la estación, porque viven donde duermes. Si ya estaban en casa, el frío exterior no les afecta, siguen picando, reproduciéndose y escondiéndose en colchones, cabeceros y sofás como si nada.
Hormigas. Fuera de casa bajan mucho la actividad, pero con calefacción y migas accesibles, algunas especies recorren conductos y paredes interiores en busca de comida. Se ven menos que en verano, pero eso no significa que se hayan ido.
Señales de que tienes inquilinos de invierno
En esta época es más difícil verlas, pero dejan pistas. Presta atención a ruidos o arañazos detrás de paredes y falsos techos, sobre todo por la noche, además de excrementos pequeños, restos de mudas o manchas oscuras en los rincones. Un olor persistente a cerrado en una zona concreta también es una pista.
Un bicho suelto puede ser pura casualidad. Pero si lo ves una y otra vez en el mismo sitio, probablemente haya más que no ves.
Cómo cerrarles la puerta
Prevenir en invierno es más fácil de lo que parece. Sella las grietas y huecos de ventanas, puertas y tuberías, ventila trasteros y baños para reducir la humedad, y guarda la comida en recipientes herméticos sin dejar migas por ahí.
Limpia también detrás de los electrodomésticos y vigila las cajas de cartón almacenadas, que a las cucarachas les encantan. Si has notado picaduras, echa un vistazo a colchones y sofás.
Por qué el invierno es buen momento para actuar
Parece contradictorio, pero tiene lógica. En invierno las plagas se mueven menos y se concentran en pocos puntos, así que es más fácil localizar el foco y eliminarlo. Si esperas a la primavera, esa colonia tranquila se reactiva con el calor y se multiplica, y lo que era un problema pequeño pasa a ser uno grande.
Conclusión
El frío no elimina las plagas, sólo las reubica, y muchas acaban a un par de metros de tu sofá. Conocer sus escondites y vigilar las señales te da ventaja. Y si ya notas algo raro, que un profesional identifique la especie y el foco evitará que el problema crezca.